domingo, 16 de diciembre de 2012

Armonía, melodía, poesía, ritmo y silencio.

Un acorde en música es algo muy sencillo, aparentemente: hablando de acordes simples, las triadas,  tres notas. Tres notas que suenan a la vez y que crean una armonía. 

Dicho de manera sencilla, esta armonía viene dada porque esas tres notas tienen una relación entre sí, y pertenecen a una misma escala. A este acorde le puede continuar otro, y otro, y otro, y entonces surge una composición armónica, mucho más complejo pero con sentido unitario. A estos acordes simplones se les puede añadir (o no) más notas, y cobra cada vez más sentido y fuerza.

Entonces aparece la melodía y se coloca sobre la armonía. Es decir: un pianista se pone a tocar un acompañamiento sencillo de acordes, y de repente comienza a cantar, a contar algo, algo que se ha apoyado previamente en los acordes principales.

Pues bien, las personas son como la música en cierto modo. Por ejemplo: dos personas se conocen, cogen confianza, tienen a sus amigos en común, y todos entre ellos forman un grupo: la escala. El conjunto de notas que va a funcionar en común. Lo que va a hacer que todo tenga sentido. 

Esas personas, esa escala, van a formar relaciones, recuerdos, momentos. Los acordes. Todos se ponen en común para crear una historia, para forjar unas relaciones entre ellos. Y ahora es cuando contamos una de todas las cosas que ocurrieron. La historia principal de las dos personas que se conocieron y que formaron parte de ese grupo, la melodía. La melodía es aquello que creemos que escuchamos, cuando realmente es solo una pequeña parte de todo lo que podemos oír. 

La melodía da la historia principal, la escala ofrece una serie de emociones, los acordes dan estabilidad, la rapidez aporta calma o inquietud, la intensidad da emoción, y los silencios a veces no esconden nada, sino que lo dicen todo.

Cuando escuchamos la canción no estamos escuchando tan sólo una letra cantada, o una sucesión de notas aisladas. Lo que realmente sentimos es toda la canción. Estamos escuchando un conjunto entero de armonía, melodía, poesía y ritmo. Y si una de esas cosas cambian, un acorde durante el estribillo no está, o falta una cadencia al final de la composición, la historia cambia. 

Y lo mismo pasa con las personas. Exactamente lo mismo. Porque nos cuentan una historia y nos la creemos, nos la creemos como tontos. Y criticamos, criticamos como si lo supiésemos todo, cuando no nos hemos molestado en saber toda la historia completa. No sabemos todas las personas que han influido en una historia, en una decisión, todos los hechos anteriores, todos los sentimientos que decidieron aparecer anteriormente y que nadie conoce. 

Que si cuesta tanto ser compositor y se valora tanto, será por algo. Que no podemos andar juzgando sobre algo que no sabemos. Que escuchamos la melodía sin querer sentir la armonía, y ese es, desgraciadamente, un error muy extendido. Que debemos escuchar incluso los silencios.




martes, 13 de noviembre de 2012

"No. No estoy bien"

"No pasa nada, estoy bien."

No, no estás bien. Te han hecho daño, y por muy pequeño que este haya sido, no estás bien. No estás bien porque te has hundido por dentro y ni siquiera tienes palabras para decirlo. No estás bien porque no puedes ni comer, ni dormir, y sientes que ni siquiera puedes respirar. 

No estás bien porque lloras cada vez que piensas lo que has perdido y lo que nunca tendrás. Porque sonríes falsamente cuando te preguntan cómo estás. Porque te aíslas en los únicos pensamientos que ocupan tu cabeza durante todo el día sin saber que ocurre a tu alrededor. 

No estás bien porque sientes que nadie puede entenderte, porque no tienes a quién contárselo. No estás bien porque incluso te da vergüenza que sepan lo que te ocurre, porque ha pasado tanto tiempo que te tomarían por loco si dijeses que aún te afecta. 

No estás bien porque ya no vas a poder decir lo que pensabas a alguien. No estás bien porque piensas que nadie va a sentir por ti lo que tú sentiste una vez, porque piensas que nadie va a hacer por ti lo que tú hiciste por ellos. No estás bien porque sabes que te van a hacer daño. No estás bien porque eres demasiado para alguien y aún así te considera inferior.
No estás bien porque a pesar de tener unas sonrisa en la cara, te puede llorar hasta el corazón.

No, no estás bien. Te acaban de hacer daño, aunque sea una aguja comparada con un puñal, pero te ha hecho daño. Aunque tan solo sea una mala contestación o una pelea con orgullo, pero es la guinda del pastel, la gota que colmó el vaso. Que sí, que no es nada, pero aunque esto pueda estar mal, si quieres explotar, explotas. Y si quieres llorar, lloras. Y si te quieres enfadar, te enfadas. Porque tienes todo el derecho del mundo a coger toda esa montaña de mierda y tirarla por la ventana de una vez. 

Y que lo primero que puede ayudarte a dar el primer paso para cambiar todo eso es decirlo: "No. No estoy bien". 

domingo, 30 de septiembre de 2012

"No, yo soy así".

- Puedes sobrellevar la situación o verte superada. La decisión es tuya. 

- No es como me lo había imaginado.


- Nunca lo es. Siempre van a decirte quién eres, ¿Sabes? Devuelve el golpe diciendo "No, yo soy así". ¿Quieres que te miren con otros ojos? Pues oblígales. Si quieres que las cosas sean diferentes sal a comerte el mundo, porque las hadas madrinas no existen.



"Once Upon A Time".

domingo, 16 de septiembre de 2012

Las cosas claras mejor.

Vamos a dejar claras una serie de cosas: 

Gilipollas es quien se dedica a joder a todo el mundo, no quien es jodido por los demás. 

No debe sentirse como una mierda aquel a quien hablan mal, sino quien habla mal a los demás.

Un inepto es el que se ríe de quien no es capaz de hacer algo, no quien no puede hacerlo, pues es incapaz de entender las dificultades de alguien.

Una persona falsa no es quien no saluda a alguien por la calle que tan sólo conoce de vista, y que cuando están con más gente sí lo hace, sino quien habla de alguien mal a sus espaldas y a la cara le dice lo contrario. 

Imbécil no es quien se preocupa por alguien y no es agradecido por ello, sino quien ni siquiera es capaz de ver esa preocupación.

No es un borracho ni tiene un serio problema alguien que se coge una cogorza un fin de semana, tiene lagunas de memoria que parecen océanos y lo vomita todo, sino quien tiene que esconderse para beber diariamente.

Mala persona no es aquella que hace cosas malas y luego se arrepiente. Mala persona es quien hace cosas malas y, sabiéndolo, piensa que son lo correcto.

Idiota no es alguien que llora por otra persona. Idiota es quien hace llorar, y consciente de ello, no se siente mal o pide siquiera perdón.



Que quede todo claro.





sábado, 15 de septiembre de 2012

La vida es como una borrachera.


Hablamos de la vida como si lo supiésemos todo, como si la hubiésemos vivido entera y no debiéramos más que despreciarla. Hablamos de la vida como si fuéramos expertos, como si supiésemos lo que debemos hacer en cada momento, cuando ni siquiera hemos hecho la décima parte de lo que deberíamos haber hecho hasta el momento.
A veces planteamos la vida como algo que una vez acaba ya no existe, deja de importar. Como algo que "una vez mueres ya no importa". Y es que no nos damos cuenta de que no sabemos apreciar lo que tenemos. 
La vida nos regala lo mejor de todo: el no saber lo que va a pasar. El hecho de que cada acto, cada decisión que tomemos, desencadene algo inesperado. El hecho de poder aprenderlo todo a partir de la nada. 
Que de los errores se aprende, que si una piedra te hace tropezar, también te hará aprender a esquivarla para la próxima vez. Que si nunca nos ocurriesen cosas malas, tampoco nos ocurrirían buenas, pues sin lo malo lo bueno no existiría. Que sin sufrimiento no hay recompensas, y sin dolor no habrá alegría después. Los errores, los sentimientos, son parte de la vida. Regalos previos a otros mejores. 
Que despreciamos y malgastamos la vida, y no nos damos cuenta de que esa vida es como una puta borrachera. Que hay que embriagarse, olvidar miles de cosas y recordar otras, aprovecharla para disfrutar aunque puedas sufrirla a veces. Que la vida es como una borrachera que te coges sabiendo que puedes pasarlo mal, y aún así quieres disfrutarla, pues sabes que acabará tarde o temprano.
Claro, que todo esto es una suposición. Que hablo de la vida como si lo supiese todo, como si la hubiese vivido entera, cuando todavía no he vivido casi nada. Que si es un error todo lo que he dicho, la próxima vez trataré de esquivar la piedra.




domingo, 12 de agosto de 2012

¿Y si nadie se da cuenta cuando hayas desaparecido?

Un temor que todos tenemos, queramos o  no reconocerlo, es la soledad. Nos puede gustar muchas veces estar solos para pensar, recapacitar, incluso para pasarlo bien simplemente a solas. Pero a nadie le gusta estar "solo", en el sentido estricto de la palabra. 
Queramos o no, una parte muy importante de nuestra vida son las personas que nos rodean, las personas con las que compartimos el día a día, a las que queremos. Esas personas son las que, aunque te encuentres sin nadie más dentro de una habitación, están siempre contigo. Esas personas son aquellas que si faltasen no tendríamos nada. Aquellas que tenemos necesidad de tener, pero también necesidad de que nos tengan. 
El hecho de saber que cuentas para una persona como algo más que una compañía es necesario para cualquiera, de saber que eres importante en su vida, que te echará de menos cuando faltes. El saber que no cuentas sólo para ti mismo sino para los demás.
Y es que nadie, absolutamente a nadie, querría marcharse dejando a todo el mundo indiferente. Nadie querría darse cuenta de que nunca va a dejar un vacío, porque nunca ocupó ningún lugar. Yo personalmente, aunque pueda llegar a sonar incluso algo egoísta, si no soy capaz de dejar un mísero vacío a nadie, si nadie me recuerda aunque sea al contar una anécdota mientras toma una caña, si nadie se da cuenta cuando haya desaparecido, desde luego preferiría desaparecer.





domingo, 5 de agosto de 2012

Siempre creo que todo es una trampa hasta que se prueba lo contrario.

- ¿Creéis entonces que se trata de una trampa? - preguntó el conde.
- Siempre creo que todo es una trampa hasta que se prueba lo contrario -replicó el príncipe -. Razón por la que sigo con vida.

La princesa prometida (Willian Goldman).

sábado, 5 de mayo de 2012

¿Quién es el responsable?

Según va pasando el tiempo nos vamos dando cuenta de lo que teníamos y de lo que tenemos, y de como cada vez nos importan menos unas cosas y más otras. Vamos viendo quienes son las personas que más importan en nuestra vida, y en qué vidas importamos nosotros, en cuales somos imprescindibles y en cuales nadie se daría cuenta si desapareciésemos. Porque sí, vivimos todos la misma realidad, pero en esa realidad hay millones de vidas diferentes, millones de visiones de la misma.
Poco a poco, podemos ir teniendo conciencia de lo que no queremos, y más difícilmente de lo que queremos. Poco a poco podemos darnos cuenta de que hace X tiempo veíamos a alguna o algunas personas de una manera completamente diferente a como podemos verlo ahora, y caemos en la duda. La duda de si fue un error habernos encontrado con esas personas, de si lo fue que ellas se encontrasen con nosotros, de qué hubiese cambiado en nuestra vida si no las hubiésemos conocido. 
Me gustaría saber por qué en un momento determinado alguien importante dejó de serlo, o por qué alguien que no estaba en mi vida, ni siquiera en mi realidad, apareció de repente. Me gustaría saber qué cambia en las personas para que dejen de complementarse. Me gustaría saber quién decide si tengo que preocuparme o pasar de algo. Me gustaría saber quién decidirá la próxima persona que entrará en mi vida sin yo saberlo. ¿Es el azar el responsable de todo esto? ¿El dichoso destino del que tanto hablan? ¿La casualidad? No creo. Los responsables, queramos o no, somos nosotros mismos.


"We create our own destiny."